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    Planeta dominante: Mercurio

    hombres Virgo

    Karlos Arguiñano es del signo Virgo.


    El sentido de lo práctico marca el avance del hombre Virgo a lo largo de la vida. Puede ser o hacer cualquier cosa que se plantee dentro del campo de sus preferencias personales; es capaz de iniciar muy pronto pautas de conducta basadas en la laboriosidad y la frugalidad y conservarlas hasta sus últimos años. Es enérgico, voluntarioso e inteligente. Cuando siente inclinaciones artísticas, su conocido vigor nervioso se traduce en una gran atención a los detalles y a la perfección de las habilidades necesarias para sus propósitos, aunque, en ocasiones, su modestia y timidez innatas le impiden intentar determinadas cosas en las que podría claramente triunfar.

    En el campo del teatro o la televisión, su agradable personalidad y su presencia amable, pero poderosa, atraen la atención de todos cuantos le contemplan; resulta, sin embargo, obvio que debe limitarse a ser siempre él mismo, pues posee escaso talento para fingir rasgos del carácter ajenos a los suyos propios.

    Esa misma sinceridad resulta evidente en todos los aspectos de su vida, tanto pública como privada. No se muestra nunca imitativo, sinuoso o afectado. Aunque se le suele respetar bastante, sus graves modales desaniman cualquier intento de establecer con él una intimidad casual, y rara vez se molesta en reforzar lazos que le parezcan de poco valor, pues no desea sentir obligaciones hacia nadie, salvo hacia los miembros de su propia familia —lazos de los que, en ocasiones, también se resiente—. Aunque siente un enorme peso de responsabilidad por su bienestar, puede mostrarse tan increíblemente crítico para con los miembros de su familia como para con los demás.

    Aunque en el fondo es un hombre amable, trata tan vehementemente de vivir dentro del marco del ideal que se traza para sí mismo, que parece olvidarse de que los seres humanos no son nunca perfectos y de que lo realizado rara vez está a la altura de lo propuesto. (Dependiendo tan dolorosamente de la perfección de los que ama, esta misma actitud puede ser la causa de su derrota.)
    Su percepción de las cosas no es tan infalible como le gusta creer, y puede ser fácilmente engañado por informaciones falsas de los demás. (Es de hecho increíblemente ingenuo.) Cuando se enfrenta con una prueba irrefutable de confianza mal depositada, la acepta sin quejarse, como igualmente acepta el hecho de que sus consejos rara vez son seguidos. Se burla de los recuerdos recriminatorios, de los errores o fracasos de los demás.

    Parece ser que el nativo de Virgo renueva su fe y repone su optimismo con la salida del sol cada mañana. Por dura que sea su situación o por graves que sean sus decepciones, se muestra siempre dispuesto a la lucha cotidiana y esperanzado en alcanzar mejores resultados.

    No obstante, cuando permite que las angustias y resentimientos se apoderen de él, ningún hombre puede alejarse tan tajantemente de su verdadera forma de ser. Esto puede conducirle a veces a abusos o aberraciones fuera de lo normal, pero por lo general en forma de excesos en la comida o la bebida y no de desviaciones sexuales. Sin embargo, una persona de su temperamento suele encontrar que, cuando se exageran, los dudosos goces de «sacar los pies del plato» resultan con frecuencia más molestos y perjudiciales que placenteros.

    Normalmente, el hombre bajo el signo de Mercurio muestra una contención e integridad natural en todos los aspectos, debido quizá a su sentido del orden, a su aceptación de las ideas imperantes o a normas ancestrales de comportamiento implantadas durante su infancia. Le perturba cualquier cosa teñida de subterfugios o supercherías. Pero esta descripción no debería interpretarse en el sentido de negar sus fuertes impulsos eróticos, aunque éstos se encuentren con frecuencia cuidadosamente refrenados. Perteneciente a un signo terrenal, puede poseer pasiones enormemente profundas y anhelos insatisfechos, pero sus firmes creencias sobre lo que está «bien» y lo que está «mal», y su sentimiento de culpabilidad ante cualquier incumplimiento del deber, se encuentran constantemente presentes. Cuenta con una amplia reserva de fortaleza, y como practica principios de carácter autorregulador, se abstiene de seguir cualquier forma cuestionable de actuar.

    Se ve, sin embargo, frecuentemente requerido por la tentación. Antes de contraer matrimonio, puede entregarse a varias aventuras amorosas, y todas ellas serán completamente serias, involucrándole en cuerpo y alma. Por lo general, pondrá fin a ellas la mujer, ya que su escrupulosidad y sentido del deber no le permitirían ser él quien las abandonase.

    A pesar de estos rasgos positivos, en su forma de «hacer el amor» hay muy poco verdadero sabor romántico. Sucumbe casi invariablemente con una persona cuyo principal atractivo radica en la necesidad de que él le ofrezca protección y cuidados, lo que ofrece en grandes dosis, pidiendo a cambio sólo una existencia ordenada. Exige lealtad, aunque no un notable ardor —pero, si se le mostrase afecto y cariño, podría sentirse sorprendido, e incluso complacido; y quizá, con el tiempo, llegar a corresponder con menores reservas.

    En cuanto a su propia lealtad y devoción, si el que dijo: «No hay amor más grande que el de aquel dispuesto a dar la vida por sus amigos» hubiese dicho «familia» en lugar de «amigos», tendríamos la descripción perfecta del hombre Virgo; pues, una vez que se entrega, no se reserva nada para sí. Se afirma que puede vivir sin desahogos sexuales durante períodos de tiempo más prolongados que cualquier otro hombre. De ser cierto, podría deberse a su rígida autodisciplina. En cualquier caso, se toma muy en serio sus compromisos matrimoniales.

    Desgraciadamente, y a pesar de su aguda percepción en todos los temas mundanos —o de carácter personal—, cuando ama se ve aquejado de la ceguera propia de Mercurio. La mujer que elija puede diferir radicalmente de él tanto en costumbres como en gustos. Este hombre apacible y animoso, tan constante y fiable a su peculiar manera, es incapaz de transmitir el calor y la espontaneidad propios de los sentimientos delicados; y aunque la mayoría de las mujeres aprobarían su natural fidelidad por la seguridad que engendra, en la atmósfera restrictiva y fuertemente crítica que crea a su alrededor, a él mismo le resulta muchas veces imposible contar con la fidelidad y cariñoso respeto que tan de sobra merece y tan desesperadamente necesita.