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    hombres tauro

    Mark Zuckerberg es del signo Tauro.


    Venus despierta en este hombre un amor por la belleza natural y los sonidos armoniosos, una cualidad de delicado equilibrio que desconcierta a los que recuerdan que Tauro es el primero de los signos de la tríada del elemento tierra, con el aspecto financiero significativamente pronunciado y elementos materiales y sólidos en primer término de todos sus estudiados juicios.
    Es cierto que, en los planes del hombre Tauro adulto, figura en primer lugar la consecución de fondos e ingresos suficientes como para alcanzar una total independencia. Ningún otro hombre posee una mayor determinación ni triunfa más fácilmente en esta empresa.

    Aunque sus habilidades para ganar dinero sean muchas veces fenomenales, sus deseos o necesidades no son necesariamente desproporcionados, ni sus acumulaciones siempre espectaculares; no obstante, lo que le empuja a ello suele ser un deseo casi compulsivo de permanecer libre y sin ataduras ni obligaciones.
    Resuelto en sus propósitos, fiable, concienzudo y muy trabajador, es capaz de advertir las posibilidades de una propuesta comercial allí donde otros no consiguen darse cuenta de ellas; pero llevado de su innata prudencia, reflexiona más profundamente que la mayoría sobre todos los aspectos y circunstancias, mostrándose más lento en la adopción de decisiones definitivas. Sólo accederá a prestar su apoyo a cualquier empresa tras una concienzuda investigación.

    Esta misma paciencia que explica su éxito en los asuntos de carácter práctico le conduce también a campos profesionales tan diversificados como la interpretación o la música. Preocupado por el lado serio de ¡a vida, con sus problemas y exigencias, y tomándose muy en serio el cumplimiento de sus compromisos personales —al tiempo que, casi paradójicamente, se ve impulsado por Venus a la creación de belleza a través de los canales musicales o artísticos—, se vuelca automáticamente en tales formas de expresión a través de vías que le consta poseen un auténtico valor comercial.

    El hombre Tauro puede mostrarse encantador cuando las circunstancias merecen ese esfuerzo, pero también extremadamente obstinado y testarudo cuando alguien intenta anular sus opiniones o abortar sus planes. Presta oídos sordos a cualquier consejo o ideas contrarias a las suyas.
    Como se resiente y teme profundamente las críticas, considera las sugerencias de los demás como un temible intento de manipulación, «insolencia» que no puede tolerar. Es precisamente a causa de este rasgo por lo que se le puede herir mucho a través de sus propias infidelidades.
    Si sospecha que su compañera está intentado «manejarle», puede buscar deliberadamente solaz con otras mujeres, a pesar de que su motivación esencial sea la de que alguien simpatice con él o le apoye en su creencia de haberse visto injustamente tratado.

    Sin embargo, y dado que valora bastante la lealtad y es mucho más romántico de lo que parece indicar su actitud calmosa y ponderada hacia los temas del corazón, cuando se permite a sí mismo el disfrute de esos placeres —fundamentalmente para aliviar la insatisfacción provocada por su esposa o compañera de relación permanente—, sigue sin poner fin a su infelicidad. Al caos emocional anteriormente sufrido viene a sumarse una persistente inquietud o incomodidad y una continua necesidad de racionalizar su forma de actuar. Aunque el papel de transgresor le hace sentirse culpable, y comprende lo injusto de esperar lealtad y constancia en esas circunstancias, se sentirá sinceramente sorprendido ante cualquier señal de engaño o insinceridad por parte de su compañera, y le resultaría enormemente difícil perdonar u olvidar su infidelidad.

    Sin embargo, y aunque de diamantina dureza en sus diversas decisiones y casi fanático en su deseo de seguir su propia forma de actuar, el nativo de Tauro se muestra amable, complaciente e incluso flexible en sus relaciones personales, siempre que no considere que su libertad se halla en peligro.
    Es evidente que cualquier mujer enamorada de este hombre dominado por Venus deberá mostrarse muy cauta para fortalecer su seguridad en sí mismo, que constituye indudablemente la causa última de su lucha desesperada contra todo lo que ve como dominación. Debe ser generosa en el reconocimiento y alabanza de su valía, y prestarle todos los cuidados y atenciones que tan dispuesto se muestra a negar necesitar.

    Aunque prefiere ser él quien obtenga los recursos necesarios para vivir bien y que su esposa se quede en casa, a la que pertenece, no espera que la mantenga tan limpia y ordenada como si estuviese dirigiendo un establecimiento comercial.
    La mujer debe mantenerse también atractiva y bien arreglada. El no presta una especial consideración a estas expectativas, limitándose a aceptar como algo natural la aplicación de sus talentos y habilidades a su vida hogareña.

    Como la mayoría de los nativos de signos terráqueos, el hombre Tauro parece sentirse casi incómodo ante cualquier expresión o muestra de sentimientos, pero realizará sin embargo numerosas tareas pequeñas para expresar su cariño y le comprará secretamente regalos que su mujer no se atrevería a comprarse ella sola. A pesar de su carácter aparentemente difícil, esta consideración innata, su firmeza y fortaleza frente a las dificultades compensan más que de sobra sus rasgos obstinados o testarudos. Con alguien que le comprenda, la vida puede resultar tranquila y caracterizarse por la mutua satisfacción. Le desagrada la incertidumbre, una atmósfera en desacuerdo con su idea de cómo debe ser la paz y tranquilidad domésticas. En lo sexual, la mujer debe mostrarse también no sólo accesible, sino incluso anticiparse a sus imprevisibles estados de ánimo.

    Al no ser propenso a una comunicación cálida y espontánea, sus pasiones —en ocasiones ardientes— pueden verse sofocadas, lo que le impulsa a buscar «divertirse» fuera de casa. Además, y en caso de que la desarmonía en el hogar pareciese ser irreversible, no se contentaría durante mucho tiempo —a diferencia de la mayoría de los hombres— con unas aventuras transitorias y orientadas únicamente hacia el sexo, sino que se lanzaría a la búsqueda de una unión más permanente y satisfactoría para su ego, una relación en la que su libido y su conciencia pudiesen convivir juntas y en paz.