Home / Sueños / Tú sola eres pura, Dama de los Sueños

    El portugués Fernando Pessoa no es «solamente un soñador, (sino) también un soñador exclusivamente». Su única apuesta, su única actividad pertenece al mundo del sueño. Y los ejercicios de mirada, la acuidad atemorizada con la que percibe los gestos más insólitos de la realidad ordinaria, son también sueños, pues, para él, las cosas vistas se recortan enteramente solas, sin espacio en los alrededores, como ocurre en los cuadros de Magritte o Malkine.

    El sueño, por su única magia demiúrgica, va a engendrar otra vida, ponderada, pura y coherente: «Sueño a veces cuánto me gustaría, en mis sueños, crearme una vida segunda e ininterrumpida, en la que pasaría días enteros con invitados imaginarios, gentes creadas de todas las especies, y donde viviría, sufriría y disfrutaría de esta vida ficticia. (…) Y nada en mí sería real. Sin embargo, allí todas las cosas tendrían una lógica grandiosa, seria; todo obedecería a un ritmo de falsedad voluptuosa; todo ocurriría en una ciudad hecha con los retazos de mi propia alma, que iría a perderse hasta el andén, a lo largo de un tren tranquilo, muy lejos, en el fondo de mi ser, muy lejos…».

    Hasta tal punto sitúa Pessoa el sueño por delante de la vida que llega «en (sus) relaciones verbales a soñar también, y a persistir, a través de los sentimientos y de las opiniones de otro, en la línea fluida de una individualidad viva y amorfa». «Cuando tengo la impresión» —añade después de un rápido análisis— «de que habito el ser de los demás como un parásito —es algo que me ocurre a menudo—, lo que en realidad sucede es que yo les obligo a ellos a convertirse en los parásitos de mi emoción posterior. Vivo así, habitando las conchas de sus individualidades. (…) Avanzo de este modo, entre mis sueños, sin soltar un segundo el hilo de una ensoñación ininterrumpida, y no solamente vivo la esencia refinada de sus emociones —a veces ya muertas—, sino que también voy razonando y clasificando, según su lógica interna, las diversas fuerzas de su espíritu, que yacían a veces en el subsuelo de un simple estado de ánimo.»

    Giorgio Manganelli hace del sueño su profesión: «Su oficio es el Sueño: es un oficio que le gusta porque le permite cambiar de forma, fluctuar de una forma a otra entre todas las que pueden servir en un sueño (…). Adora las formas animales: desempeña a la perfección el papel de serpiente y el de perro rabioso; a veces, se le pide que sea Cancerbero o Herodes, un papel que, por otra parte, le gusta mucho representar a causa del manto real y de los criados».

    La costumbre de soñar proporciona una idea clara de la realidad en la medida en que no interviene el razonamiento, «la peor especie de sueño», que transporta el sueño a la realidad de la vida que no existe. Pues, en definitiva, «¿por qué habremos de ser todos —hombres, dioses y universo— los sueños de alguien que sueña, los pensamientos de alguien que piensa? ¿Por qué no habremos todos de estar situados siempre fuera de lo que existe? ¿Por qué alguien que sueña o que piensa no habría de ser también alguien que no sueña y que no piensa y estar también él sometido al abismo y la ficción?»



     
     

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