Home / Sueños / Los números y las figuras geométricas

    Desde los tiempos más remotos, los números y cifras han revestido una gran importancia para el mundo de los sueños. Así, en el antiguo Egipto, cuando Ra, dios del Sol, se dio cuenta de que Nut, diosa del cielo, había tenido una relación secreta con Geb, dios de la Tierra, pronunció una maldición contra ella que le impedía dar a luz en ningún mes y en ningún año. Thot, que sentía inclinación por la diosa, jugó a los dados con la Luna y le ganó una fracción de cada día del año, con lo que constituyó cinco días que añadió a los trescientos sesenta del año antiguo. (No cabe la menor duda de que los aritméticos egipcios no solamente sabían dividir 360 entre 5, sino también 5 entre 360.) El número no solamente designa cantidades y relaciones de cantidades (de todos modos, «con soberana indiferencia, (el sueño) hace caso omiso de los ceros, no los trata en absoluto como números», dice Freud), sino también, especialmente en relación a los números uno a doce, un conjunto de caracteres condensados en una personalidad o en un símbolo. Los sueños sobre números son tan frecuentes como difíciles de interpretar. Cada sueño se vincula con la realidad adoptando formas de relaciones muy diversas que pueden ser expresadas mediante números.

    Por ello cada cifra o número puede encontrar su expresión en sueños, y todos ellos pueden revestir la forma de un acontecimiento personal; además, pueden establecer una relación con algún hecho sucedido en un lugar determinado.
    Los números pares tienen esencia femenina, sobre todo el número dos a causa de algunas analogías corporales. Las mismas razones explican que a las cifras impares se les atribuyan rasgos masculinos, especialmente al tres. En la Historia comparada de las numeraciones escritas puede incluso leerse que, entre los sumerios, la cifra uno, ges, coincide con las palabras macho hombre, y la cifra dos, min, es la misma palabra que mujer. La cifra tres se corresponde con las tres Parcas, las tres magas que van al encuentro del Niño Jesús; la Resurrección tiene lugar al tercer día. El curso de la vida se articula sobre el pasado, el presente y el porvenir.

    La cifra cuatro representa la materia (apoyo, estabilidad, poder, protección). Un año completo consta de cuatro estaciones. Los cuatro elementos son el material que está a disposición del consciente y el inconsciente. Podría citarse otro ejemplo entre otros muchos: gracias a la palabra escrita de los cuatro evangelistas, el creyente se forma una imagen de Jesucristo y asimila su doctrina.

    La cifra cinco denota la vida universal, el microcosmos: el hombre, espíritu y materia reunidas (2+3). Significa también la supremacía de la voluntad, de la inteligencia sobre los cuatro elementos (inspiración, genio). En China es, ante todo, un signo de felicidad. Verosímilmente, guarda relación con los cinco planetas de la Antigüedad.
    La cifra seis (dos triángulos) se corresponde con el equilibrio de las fuerzas, con la ley de la balanza, es decir, con el trabajo eterno de lo bajo que aspira a lo alto y que a su vez penetra lo bajo, lo ilumina y vivifica.

    El siete, que lleva una aureola sagrada, es la cifra del poder mágico en toda su omnipotencia —Dios dirigiendo el curso de las cosas mediante sus siete ministerios (siete virtudes, siete principios, siete planetas)—. La mitología griega conoce siete dioses principales; la alquimia utiliza siete metales; hay siete días en la semana, que también guardan relación con los veintiocho días del mes lunar.

    La cifra ocho significa justicia, equidad, rectitud, la justicia divina no concebida por el hombre. En astrología, el número ocho se corresponde con la muerte, con las pérdidas; el ocho horizontal es el signo de la eternidad, de la muerte vencida.
    El nueve representa la armonía, expresa la idea divina en todo su poder abstracto. En as-trología, la Casa Nueve representa la filosofía, la sabiduría, el mundo de las ideas. En la numeración hablada de los mayas, la cifra nueve se corresponde con los nueve señores de la noche.

    El número diez constituye el principio de toda numeración y escritura. El diez representa el valor numérico de la letra «yod»; su nombre viene de iad, mano. Puede ser el símbolo de la omnipotencia manifiesta.
    Se sabe la gran importancia que conceden a las figuras geométricas todos quienes se ocupan de la alquimia o la magia. El círculo representa perfectamente la unidad primordial; toma la forma circular, que simboliza el infinito y la perfección. Es la imagen de la serpiente cósmica, pues se alimenta de su propia sustancia.

    El triángulo evoca, por su forma, la llama y, como tal, es el emblema del fuego. La punta hacia arriba es el símbolo de la fe, de la llama que se eleva hacia el cielo, pero también de la virilidad y del principio masculino. La punta hacia abajo es el emblema del fuego divino que baja para animar la materia inerte; son las lenguas de fuego de Pentecostés, pero también la imagen del sexo de la mujer. El cuadrado simboliza la materia concreta, todo lo que atañe a los sentidos, pero que ya ha alcanzado el nivel de perfección. Corresponde a la estabilidad (mediocre) y a la salud interior. Antes del cuadrado se encuentra el rectángulo, que simboliza la obra bruta, todavía no tallada.



     
     

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