Home / Sueños / Los colores

    «Cuando desperté —a medianoche—, la ventana estaba blanca, Delante del sueño azul de las cortinas iluminadas por la luz de la luna. Le poseyó la visión de los candores del domingo; Había soñado rojo (…)
    En los sueños siempre experimentamos vivamente los elementos coloreados (algunas personas afirman, sin embargo, «no soñar nunca en colores»). Si no lo supiésemos ya conscientemente, el sueño nos permitiría percatarnos de la importancia que revisten los colores en la materialización de algunas relaciones y valores psíquicos. No es nuestra intención exponer aquí todas las teorías relacionadas con los colores; nos limitaremos a destacar algunos de sus aspectos, señalando de antemano que es necesario separar nítidamente los aspectos que conciernen al portador (sustrato) del color, los relativos a su intensidad y los que tienen que ver con la definición relativa de unos colores en relación a otros.

    El azul, probablemente influido por la coloración del cielo, está casi siempre asociado a acontecimientos de naturaleza espiritual; es el color de la función reflexiva y de cualquier tipo de verdad —llámese ésta lealtad, serenidad, fidelidad o paz — . Cuando predica, el Mesías viste siempre ropas de color azul. En la mitología, el azul era atributo de Júpiter y Juno.

    El rojo, apasionado y provocador, es la sangre, la pasión y el fuego. Era el signo de Marte en la actividad combativa y dominadora. Corresponde, en las virtudes cardinales, a la caridad; en el orden negativo, a la cólera, el odio, la crueldad y el asesinato. En las vidrieras, el diablo es rojo o rojo y negro.
    El amarillo, color de Apolo, es el tono solar, claro, penetrante, el de la intuición y el presentimiento. En las virtudes teologales es la fe; san Pedro va vestido de amarillo dorado. En las virtudes humanas es la generosidad de corazón, la feliz inspiración y la sabiduría. Por lo que respeta a los vicios es el egoísmo orgulloso; si es pálido significa decepción, traición.

    El verde es el color de Venus, que preside la creación, los renacimientos, la regeneración mediante los actos y la revelación. En las vidrieras siempre se representa a san Juan vestido de verde. Mahoma lleva un manto verde. El verde es también el color de la vida vegetal, de la primavera. En las virtudes teologales, el verde significa la esperanza y el deseo de vida eterna. Familiarmente es el amor feliz, la alegría y la prosperidad. Pero, inversamente, significa también la degradación moral, la locura y la desesperación; Minerva y Satán tienen los ojos verdes.

    El blanco, color de Artemisa, es la tonalidad lunar. Es el reflejo de lo absoluto. Viste el triunfo de los elegidos: el Papa lleva ropajes blancos, así como la novia o quienes reciben la primera comunión. El blanco significa virginidad, pureza, la justicia y su victoria. Síntesis de todos los demás colores, está a menudo asociado al presentimiento y al advenimiento de la muerte: «La sombra de la muerte es blanca», escribe Edmond Jabès. Cargado de nieve, que denota frialdad y abandono, el blanco torna su significado hacia la frialdad, la infertilidad y la angustia.

    El negro, color fúnebre del viejo Saturno, es la dulzura de la inconsciencia total, del luto y las tinieblas. En Europa, el negro tiene un matiz negativo: oscuro individuo, casa siniestra, serpiente negra. Se llama asuntos oscuros a aquellos que no tienen grandes posibilidades de prosperar. La resignación, pero también la unión de un comportamiento psíquico que deriva del rojo y el azul, se expresan mediante el violeta, color del recogimiento.

    Desde Baudelaire sabemos que los colores, los sonidos y los perfumes guardan correspondencias entre sí (sinestesia). Así, por ejemplo, entre las gamas de los sonidos y la de los colores existe una relación; el blanco corresponde a do, el azul a re, el negro a fa, el verde a sol: un paisaje podría de este modo traducirse a música —bemoles y sostenidos desempeñarían el papel de medias tintas—. Rimbaud, por su parte, en un célebre soneto que ha suscitado abundantes glosas, atribuyó a cada vocal un color preciso.



     
     

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