Home / Sueños / La teleología del sueño

    El sueño es, pues, la realización de un deseo que la realidad, la sociedad, la ley prohiben. Pero se trata de una realización «disfrazada» por un principio que hace que la energía no pueda abrirse camino libremente en el sistema de canalizaciones a las cuales corresponden las actividades de percepción y de acción comunes al ser humano, un principio que hace que tengamos que soñar.

    «Este agente de rebelión es el principio de placer, el modelo del disfrute sexual como realización del deseo; y es precisamente la incompatibilidad, para Freud irremediable, por una parte, entre la pulsión hacia la descarga perentoria lo que permite pasar a las masas de energía bloqueada por cualquier vía, incluso por regresión, a contracorriente, en dirección prohibida, hasta conseguir reavivar de manera alucinante rasgos mnemotécnicos en la ausencia de los excitantes reales, y, por otra, un principio de conservación del aparato psíquico y de ahorro de energía que permite una relación sustancial estable con el mundo exterior y con los demás hombres imponiendo, mediante la represión, caminos y una dirección de movimiento a la fuerza de la libido.»

    A partir de entonces, el trabajo de la interpretación consistirá en realizar el camino inverso al que ha recorrido el deseo en la vía de la satisfacción imaginaria, en encontrar, detrás del contenido manifiesto, en los lugares donde «la noche se mueve», el contenido latente que oculta. Por otra parte, el analista deberá interpretar algunos elementos en un sentido sexual aplicando todo un código simbólico que Freud considera tiene un alcance universal.

    Diremos, para resumir, que el sueño tiene un sentido, que constituye incluso la expresión profunda, privilegiada de cada psiquismo individual, que revela la importancia de la sexualidad en la vida del hombre: esta sexualidad, representada por esa fuerza fogosa que es la libido, orienta toda la existencia, desde la vida orgánica y los instintos primitivos hasta las formas más elaboradas de la vida espiritual —experiencia religiosa o experiencia estética—.

    Por otra parte, el sueño, realización de un deseo, a menudo resucita episodios de la infancia, por lo que tiene, antes que nada, una función retrospectiva: es, en el espíritu del hombre adulto, resurgimiento del alma infantil —con sus pulsiones, con frecuencia violentas y anárquicas—. Freud contradice por ello la tradición anterior que consideraba el sueño como premonitorio, profetice.

    Finalmente, el sueño muestra también una expresión simbólica, pues el contenido manifiesto no es otra cosa que el encubrimiento del contenido latente, que, para ser comprendido, debe ser objeto de una interpretación que tendrá presente a la vez un conocimiento obtenido de la personalidad psicológica del soñador y del conocimiento del simbolismo sexual universal.



     
     

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