Home / Sueños / La inquietante rareza

    Muchos otros sueños nos sorprenden inversamente por su intrínseco carácter extraño, por su naturaleza criptográfica, fantástica, por las escasas relaciones aparentes que guardan con nuestra vida; finalmente, por la luz inquietante que parecen difundir sobre las regiones inciertas de nuestra conciencia mostrándonos a nosotros mismos en el acto de realizar, a menudo inconscientemente, actos que pueden ser considerados los más violentos y condenables: «Fue precisamente en la vida familiar donde, como cabría esperar, hice efectiva la ametralladora de bofetadas.

    La hice realidad sin haber meditado ni siquiera un instante en ella. Repentinamente, mi cólera se proyectó fuera de mi mano, como un guante de viento que hubiera salido de ella, como dos, tres, cuatro, diez guantes de efluvios que, espasmódicamente y con terrible rapidez, se precipitaron desde mis nuevas extremidades dirigiéndose hacia el fin, hacia la cabeza odiosa, que alcanzaron de pleno sin dilación».
    Frente a estos sueños de rareza primordial, frente a estos cerrojos, el pensamiento humano siempre se ha inclinado a ver en el onirismo el lugar privilegiado donde se desarrolla una experiencia ontológica rara.

    La apariencia de fantasía inmaterial, inaprehensible, engañosa, vaga e incierta producida por nuestro inconsciente no debe, sin embargo, llevarnos a engaño sobre su verdadera naturaleza: estos sueños deben ser considerados tanto más importantes cuanto que las ideas aparentemente disciplinadas que ocupan nuestra mente durante el estado de vigilia son mucho menos precisas de lo que queremos admitir.

    Pero la cosa no queda ahí: las significaciones de estos sueños —y su impacto afectivo sobre nosotros— se vuelven progresivamente menos afinadas a medida que las miramos más de cerca. El conjunto de lo que hemos visto y oído o sentido puede invadir nuestro inconsciente, pues todo ello forma un conjunto de impresiones que, agazapadas bajo el vaho de los detalles, puede obstaculizar el alarde interpretativo.

    Para penetrar una significación onírica debe evitarse cualquier tentación de reducción: hace falta realizar una exégesis global, tratar de alcanzar, mediante un trabajo interpretativo, el todo orgánico del que una determinada imagen, visión o símbolo concreto no es más que una parte. Y ateniéndose ante todo a esta multiplicidad y complejidad será posible encontrar este sentido de la totalidad que desaparece en la experiencia cotidiana, pero también, lo que es mucho más grave, en el mundo parcelado de la ciencia, donde sólo es posible recuperar la unidad al final de una reducción conceptual.



     
     

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