Home / Sueños / La estructura de los sueños

    El sueño es (tal es su gran paradoja) una aventura de la conciencia individual impermeable al mundo real y a las demás conciencias, expresión de nuestro yo más íntimo y de su tumultuoso silencio.

    No obstante, obedece a reglas generales que se muestran verdaderas para cada soñador. El mundo onírico está salpicado de constantes que dependen sin duda simultáneamente de la vida psico-físiológica —pues el sueño es primero un fenómeno que se produce mientras el sujeto duerme— y de la estructura misma del imaginario humano.

    El escenario onírico

    En primer lugar, un hecho sorprendente: el sueño, tal y como lo encontramos cuando nos despertamos, cuando su recuerdo persiste, corresponde a una aventura, y a una aventura a menudo preñada de acontecimientos. En el siglo XIX, filósofos y médicos, después de haber constatado la similitud existente entre determinados escenarios, aplicaron el principio de la causalidad y establecieron vínculos de causa a efecto. El sentido común del pueblo, de certezas que echan raíces rápidamente, encierra entonces al sueño en un rígido corsé. Las imágenes atemorizantes, las escenas violentas dibujan el telón de fondo de este panorama onírico fuertemente medicalizado. Se trata solamente de heridas causadas por el fuego, la estrangulación y sobre todo por el filo cortante —espada, cuchillo y guillotina—. El escenario del sueño toma espontáneamente el aspecto de una película de aventuras.

    A menudo, sus peripecias presentan una mayor o menor coherencia: el sueño está embutido en jirones de historias, en episodios mal entrelazados entre sí o entre los cuales median espacios en blanco. Esta impresión proviene unas veces de la naturaleza misma del sueño, mientras que, en otras ocasiones se debe a los agujeros en la memoria que provoca el olvido que, desde el momento mismo del despertar, corroe el sueño.

    (No obstante, para el poeta Paul Éluard «el olvido juega en el sueño un papel constante».)
    En todo caso, la mayoría de los sueños exhiben una estructura típica que el psicoanalista C. J. Jung compara con la de un drama clásico. Así, distingue Jung los sueños bien compuestos de aquellos que están mal compuestos. Un sueño correctamente dispuesto comporta generalmente tres partes: exposición, nudo y desenlace.

    Está primero la indicación del lugar donde se sitúa la visión onírica, las personas que participan en la acción y el tema del sueño. En la segunda parte se desarrolla la acción del sueño-drama. Después el sueño se desenvuelve hasta alcanzar su climax, y sólo encuentra su terminación en la tercera parte.



     
     

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