Home / Sueños / La casa

    Nuestros sueños se sirven a menudo de la imagen clásica de la casa, con sus pisos y diferentes habitaciones, para representar los diversos estratos psíquicos. En la casa onírica se funden varios contenidos de nuestra vida, incluso cuando nacen en una misma unidad psíquica. Lo que ocurre dentro de la casa sucede también en nosotros mismos. Muy a menudo somos esa misma casa que, con sus diversas características —bien ordenada, deteriorada, nueva o vieja—, puede significar el mismo soñador.

    La fachada de la casa corresponde al lado aparente del hombre, al papel social, a la apariencia, a la «máscara».
    Los diferentes pisos representan las diversas partes del cuerpo y los niveles de la personalidad. Así, el techo de la casa y los pisos superiores denotan la cabeza del soñador; el granero significa, en efecto, la estructura del armazón del pensamiento. Como en la cabeza, el orden debería reinar en las estancias más altas de la casa. Para más de un niño estos lugares revisten rasgos impresionantes: lugar donde dar rienda suelta a las rabietas sin la presencia de testigos, pero también ámbito de lecturas interminables y escenario de mil viejas cosas que entran a formar parte de por vida del alma infantil; como el sótano, es también un espacio atemorizador que proyecta en el infante el presentimiento de la acción de las potencias de la vida oscura.

    El peligro es grande cuando un incendio se declara bajo el techo. El fuego está entonces detrás del frente y a menudo los remedios utilizados para extinguirlo resultan ineficaces. (Sueños como éste pueden constituir los primeros indicios de trastornos mentales.) La bodega, por el contrario, representa el inconsciente personal. Al mismo tiempo, como se sumerge en la tierra, está ya absolutamente próxima a los estratos profundos que son los de la colectividad. En la bodega se hallan las reservas: allí se conserva el vino. También nos cobija cuando nos sentimos amenazados.

    Pero la bodega es igualmente un espacio de terror penetrado por una vida secreta acechada por infinitos peligros y donde pueden asomar los aspectos más sombríos del alma humana. Así, la bodega se convierte en calabozo cuando, como castigo, se encierra en ella a un niño sumiéndole en la oscuridad: le acechan entonces los miedos más profundos, le atemoriza la obsesión de las ratas que, en cualquier momento, pueden aparecer en los cubos de la basura, en las tinieblas; cree ver a las arañas que, hormigueantes y ruidosas, congregadas al otro lado de la puerta silenciosamente cerrada, le causan pavor. (Los fantasmas de lo alto y lo bajo no hacen los mismos ruidos ni tienen las mismas sombras.)

    Es preferible reavivar recuerdos de juventud para interpretar los sueños que versan sobre el granero, la bodega y la verdadera cocina (las cocinas de las grandes ciudades sólo tienen símbolos sociales), foco principal de la casa, laboratorio donde los alimentos se elaboran para hacerlos aptos para el consumo.

    La cocina puede significar también el lugar donde se elabora una transformación psíquica, en cierta medida «alquímica», y el lugar donde habitan las representaciones inmediatamente sexuales —el agujero del fuego, la chimenea negra, el almirez y la mano, etc.—. La cocina está dominada por la mujer que trabaja en ella silenciosamente; por ello las cocinas que aparecen en sueños corresponden simplemente al aspecto alimenticio y maternal siempre presente en nosotros.
    El dormitorio representa lo que hay de más íntimo en cada uno de nosotros y también el inconsciente personal, pues es el lugar donde se desarrolla el acto de dormir. Allí compartimos la vida con aquellos que están más próximos a nosotros; por ello los sueños sobre dormitorios denotan una armoniosa unión, o bien un odio indecible.

    Los sueños sobre el gabinete, muy numerosos y frecuentes, son a menudo reprimidos por ser molestos para el soñador (no tienen, sin embargo, nada de indecente). Por ello son todavía más significativos. Aluden a una liberación, al hecho de haber dado por terminados determinados asuntos psíquicos. Se ha puesto orden; finalmente, uno ha podido descargarse de lo que ha sido utilizado, de lo que el hombre ha considerado desde siempre una suciedad.
    Las puertas, así como las ventanas —«En este agujero negro y luminoso vive la vida, sueña la vida, sufre la vida»— (Baudelaire), pueden representar las aperturas del cuerpo, pero también simbolizar proyectos y posibilidades.

    Las escaleras, que enlazan los diferentes niveles de la casa, representan el vínculo afectivo que une las diferentes partes, inconscientes y conscientes, de nuestra personalidad. El acto de trepar una escalera indica, según Freud, la unión sexual. Subir una escalera significa querer elevarse, pretender llegar más alto desde el punto de vista espiritual, material y social; puede denotar también alcanzar un plano psíquico superior. Esta imagen clara puede sustituirse por una imagen más turbia y exploradora, donde la escalera se convierte en «un eje de bajada a las profundidades humanas» (Bachelard). Veamos como ejemplo el siguiente texto de Aurora, de Michel Leiris: «Paso a paso bajo los peldaños de la escalera. A veces, un crujido, que recordaba vagamente el roce de una cerilla, despertaba en mi interior el destello de millares de recuerdos.

    Era muy viejo y todos los hechos que me venían a la memoria recorrían de arriba abajo las entrañas de mis músculos como terrajas y erraban por los tabiques de un mueble, donde liqúenes tomaban al asalto una estatua. (…) Los peldaños gemían bajo mis pies y tenía la impresión de pisar animales heridos, de sangre muy roja y cuyas tripas formaban la trama de la mullida alfombra. (…) Si ahora sólo puedo bajar estos peldaños a cuatro patas es porque dentro de mis venas circula ancestralmente el río rojo que animaba incesantemente a todas estas bestias acorraladas. Ahora lo que más me conviene es adoptar una actitud exteriormente parecida a la de los cuadrúpedos, pues no cabe la menor duda de que, desde el punto de vista de la seguridad, es preferible tener cuatro pies, incluso ser un ciempiés, un gusano o una araña». A medida que se produce la bajada, el sueño se animaliza y el inconsciente reencuentra la vida invertebrada.

    El cuarto de baño es el lugar de las abluciones. Soñar que se toma un baño posee la misma significación simbólica que atribuyen muchos cultos a esta acción, esto es, una purificación. Finalmente, dirigirse de una habitación a otra equivale a pasar de un estado a otro: si la primera habitación es oscura y la otra está iluminada, quiere decir que se pasa de un estado inconsciente a otro más consciente.



     
     

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