Home / Sueños / El sueño y el enigma

    Admitido el detonante de la actividad onírica, cabe preguntarse cómo funciona la mente durante el sueño. La respuesta es muy sencilla: de manera muy extraña. Aquí también los teóricos del romanticismo han emitido hipótesis sugestivas.

    Así, han explicado el encadenamiento que se da entre las imágenes oníricas mediante el juego de las leyes de la asociación mental —asociación mental desordenada como consecuencia de la dispersión de la atención—. Algunos insisten sobre el hecho de que, a menudo, estas asociaciones provenían de acercamientos de naturaleza verbal: colisiones y colusiones de palabras por homonimia o sinonimia, despropósitos, etc.

    Por ello, la incoherencia aparente de escenarios oníricos podría poner de manifiesto el juego de una lógica determinada: el sueño sería un enigma en el sentido estricto denotado por la palabra. Para el pintor alemán Carl Gustav Carus, las ordenaciones extrañas del espíritu pueden explicar la «poesía especial» de los sueños.

    Las ideas se combinan en ellos de dos maneras: la asociación interna persigue nuestras preocupaciones de los últimos instantes que preceden al sueño; o las ideas son determinadas por «los sentimientos que provienen de nuestra situación exterior, o de nuestro estado de espíritu (es decir, de nuestra vida inconsciente), o provienen todavía de condiciones particulares donde se encuentran imbricadas las diferentes provincias de nuestro organismo».

    Carus observa igualmente que el debilitamiento de la conciencia que se produce cuando soñamos se manifiesta en la fluctuación que invade el sentimiento de la personalidad. Jules Renard también lo sabe cuando escribe: «Especie de sueños que tengo de pie, como si todo mi inconsciente expulsase mi conciencia y se pusiera en su lugar.

    No conozco estas imágenes que vienen bruscamente. Y como no puedo negarlas y tengo la certeza que están dentro de mí, debo creer que pertenecen a otro yo y que yo soy doble».

    De ahí los desdoblamientos, las palabras tomadas de otro, los juegos de todas clases a los que se entrega la actividad onírica intercambiando los papeles de las personas o amalgamándolos. Vuelan también hechas añicos las conciencias del tiempo y el espacio.



     
     

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