Home / Sueños / El sueño según Freud

    Las insuficiencias que demostraron las ciencias exactas en su aproximación analítica al pensamiento y al espíritu movió al médico y teórico vienes Sigmund Freud a fundar —retomando muchas de las intuiciones presentes en la literatura onírica desde la Antigüedad— una ciencia «psicoanalítica» original, metódica, capaz de superar las aporías de las ciencias experimentales y que iba a dar un nuevo impulso al estudio de los sueños.

    Las concepciones de Freud, fecundas por sus múltiples implicaciones, han transformado profundamente nuestra aprehensión y comprensión del alma humana, han provocado el nacimiento de toda una escuela de pensamiento de planteamientos extraordinariamente audaces, han transformado la psiquiatría, la psicología, y no cabe duda de que también han conmovido la experiencia religiosa o estética de muchos de nuestros contemporáneos.

    Después de haber estudiado los trabajos del célebre psiquiatra francés Charcot, Freud publica en 1900 su teoría del sueño, Die Traumdeutung, traducida por primera vez al francés en 1925 con el título de La ciencia de los sueños o La interpretación de los sueños (a lo largo de toda su obra, Freud no ha dejado de mantener contra viento y marea la paradoja de la existencia de una ciencia experimental fundada sobre la interpretación).

    La investigación emprendida en el marco del cuidado a los enfermos mentales —no olvidemos que Freud fue, en un primer momento, un neurólogo que justificó sus concepciones en necesidades terapéuticas— para explicar y cuidar sus enfermedades llevó al médico vienes a enunciar la hipótesis fundamental de la existencia de un inconsciente cuya naturaleza, para él, no es tan desconocida como la realidad misma de un mundo exterior.

    «Quizá —señala acertadamente André Bretón— se trata mucho más de lo que pensamos (no es imposible) de la llave maestra que debe permitir reconciliar la materia con las reglas de la lógica formal, que, para gran satisfacción de los reaccionarios de toda laya, se han mostrado hasta ahora incapaces por sí solas de determinarla»; añade, citando a Freud, que «al margen incluso de las teorías de escritores religiosos y místicos que han demostrado buen juicio preservando, todo el tiempo que las explicaciones de las ciencias naturales no les impidieron hacerlo, los restos del terreno, antaño tan amplio, de lo sobrenatural, es posible encontrar hombres sagaces y hostiles a todo pensamiento aventurado que se esfuerzan por apuntalar su fe en la existencia y acción de fuerzas espirituales sobrehumanas precisamente sobre el carácter inexplicable de las visiones que se tienen cuando dormimos».

    La falta de consideración para con el sueño, la imputación de su nacimiento a un origen interno (cenestesia) o externo (contexto que percibe el durmiente), las recientes investigaciones realizadas en las ciencias experimentales, todo ello testimonia el profundo mentís que el saber inflige a la oscuridad y a la incomprensibilidad del sueño. Pues bien, precisamente contra esta contradicción va a alzarse la teoría de Freud.



     
     

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