Home / Sueños / El soñador y la interpretación

    El contenido de este inconsciente, cuya naturaleza es en gran parte sexual, tiene sus orígenes primarios en el subsuelo de la infancia y nace en los instantes mismos en los que se elaboran y evolucionan las etapas sucesivas de la sexualidad, antes de que ésta alcance, con la vida adulta, sus formas más acabadas.

    En la vida en sociedad, estos contenidos se oponen a la barrera definida con la expresión «muro de la vida privada», barrera social que el hombre no puede tratar de desvelar sin incurrir en indiscreción culpable; la conciencia pone a estos contenidos en «estado de represión» debido a las exigencias de la censura, porque las fuerzas que encubren y las tendencias que desarrollan son incompatibles con los valores morales que actúan como soporte de todo el cuerpo social.

    Estas tendencias reprimidas, pero que pugnan por expresarse, emergen finalmente de manera indirecta y encubierta poniendo en funcionamiento una compleja maquinaria —en el caso del lenguaje cambian el sentido de las cosas entendidas mediante los lapsus (linguae, scriptae…); en el nivel de los comportamientos activan los actos fallidos; durante el acto fisiológico de dormir accionan el sueño.

    Este último constituye sin lugar a dudas uno de los medios privilegiados de expresión del inconsciente. Y precisamente Freud va a escrutar el sueño confiando el trabajo de interpretación al soñador mismo, pues será él quien, asociando libremente las ideas que surgen a propósito del sueño que cuenta, no realizando ninguna selección dentro de este rico material, va a exhibir involuntariamente en su discurso huellas de relaciones existentes entre recuerdos, personas encontradas, decepciones, alegrías, impulsos y penas. También será el soñador quien, mediante este trabajo, arroje luz sobre una densa y amplia red de correspondencias de las que el sueño mismo no era sino un fragmento.

    Freud hace entonces una distinción radical entre lo que el soñador cuenta espontáneamente, el contenido manifiesto del sueño, el contenido narrado y el contenido latente del sueño, y afirma a continuación que sólo este último encubre la verdad del psiquismo individual y que en él residen los temas y los problemas significativos capaces de engendrar un sueño: «Es precisamente el material latente del sueño lo que determina el contenido manifiesto casi en sus mínimos detalles; cada uno de éstos no deriva de una idea aislada, sino de varias ideas tomadas de este subsuelo y que no están necesariamente relacionadas entre sí». Bajo la influencia de la censura, el espíritu hará experimentar al contenido real del sueño toda una transformación, la elaboración, que sirve para volver este contenido aceptable mediante la censura y el encubrimiento.

    A través de este trabajo de elaboración automática se comunican entre sí un determinado número de deformaciones, compresión o condensación (el contenido manifiesto reúne en un solo acontecimiento, o en una sola persona, acontecimientos o personas diferentes de contenido latente), desplazamiento (el contenido manifiesto es acentuado en un punto completamente diferente a su contenido latente), simbolización, que alteran completamente la sustancia y la organización hasta el punto de que es preciso admitir también trabajos de ordenación (denominados de elaboración secundaria) para eliminar del producto final las huellas de este caos.



     
     

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