Home / Sueños / El papel del sueño paradójico

    Hoy día sabemos que el sueño es una función activa, eminentemente biológica, común a todas las especies vivas, pero más especialmente a los mamíferos; la mayor parte de los sueños de contenido gráfico tienen lugar durante las fases del sueño denominado paradójico (llamado así porque cuando se produce, si bien dormimos, nuestro cerebro está en plena actividad), localizable de manera precisa mediante una grabación poligráfica del sueño. Estas fases tienen una duración aproximada de un cuarto de hora y se producen durante el período del ciclo del acto de dormir en el que el adormecimiento es más profundo, unas cuatro o cinco veces por noche. Para el hombre, como para los animales, el sueño paradójico juega un papel esencial en el aprendizaje y la memoria. Así, cuando nos dormimos obsesionados por un problema espinoso cuya solución se nos muestra luminosa al despertar como una epifanía, podemos decir que ha actuado el sueño paradójico. Un ejemplo: el químico alemán August von Stradonitz habría descubierto la estructura del benceno en el climax mismo de su sueño. Pero nadie negará que solamente cuando despertó pudo consignar este descubrimiento.

    Se ha señalado que determinados medicamentos psicótropos, que reducen la duración del sueño, generan trastornos en la memoria. Según el profesor Michel Jouvet, el sueño tendría una función de «reprogramación genética»; sería el guardián del equilibrio psíquico, de la homeostasis del medio interior, así como de la frescura de las aptitudes lógicas y espontáneas. Nos protegería también contra los errores de comportamiento, las aporías, la sinrazón, pero también contra las influencias perversas o nefastas. Esta tesis ha suscitado no pocas controversias.

    Así, Jean-Pierre Changeux ha lanzado la hipótesis de que los centros del suefio envían un «ruido» (en el sentido que da a este término la teoría de la telecomunicación: fenómeno aleatorio parásito que perturba la transmisión de mensajes) en las sinapsis para establecer estructuras no utilizadas de manera eficaz durante el estado de vigilia: el sueño sólo aparece allí, dice, «para dejar al programa genético expresarse y/o preservar la estabilidad de su expresión fenotípica». De ahí que Jouvet oponga el hecho de que si nos encontrásemos frente a una estabilización, la privación del sueño debería engendrar trastornos graves en relación con el aprendizaje en el gato —de hecho, el sueño desencadena en este animal una verdadera tempestad cerebral— y en el hombre, lo que no sucede siempre.

    En el sueño, añade, «la naturaleza recupera la delantera sobre la cultura». Así, bajo el efecto de simulaciones brotadas de un «pacemaker endógeno», puede desarrollarse, durante el sueño, un verdadero repertorio de comportamientos genéticos preprogramados. Tal es la razón por la que puede afirmarse que hoy día es muy delicado determinar con precisión las funciones del sueño.



     
     

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