El hombre Sagitario

Planeta dominante: Júpiter

hombres sagitario

El Papa Francisco es del signo Sagitario.


El hombre Sagitario es de porte majestuoso, voluntad de hierro e increíble energía. Está motivado por Júpiter, que le aporta también una asombrosa buena suerte, innumerables oportunidades de alcanzar el éxito y la adulación de numerosas mujeres, todo lo cual parece aceptarlo sin la menor sorpresa.
No obstante, no es sólo la buena suerte lo que le apoya. Es más probable que sea su propia capacidad de iniciativa, su carácter emprendedor y resuelto los que engendren su buena fortuna.
Para él la vida es sinónimo de acción, y debido a su gran vitalidad consigue más cosas en un determinado período de tiempo que cualquier persona media, perseverando sin prisa ni confusión hasta haber dado cima a una tarea.

Su audacia y tenacidad le conducen a veces a actuaciones demasiado impetuosas; pero si falla el primer esfuerzo, se presentan siempre nuevas oportunidades. No debe, pues, asombrarnos que se mantenga sereno frente a una adversidad o fracaso, que sabe será sólo temporal.
Es muy ingenioso, encontrando métodos rápidos y sencillos de ejecutar cualquier cosa que se propone. Es como si, en el momento de nacer, se le hubiesen dado los planos, un conocimiento previo de cómo se hacen las cosas, una información que los demás deben adquirir mediante el estudio o la experiencia. Estas cualidades contribuyen a que su trabajo sea muy apreciado; pero aunque es muy buscado por los que se dan cuenta de su notable eficiencia, prefiere muchas veces establecerse por cuenta propia o invertir en áreas que le permitan sentirse libre para dedicarse a sus otros muchos intereses.

El Sagitario se mantiene perfectamente informado de todos los temas del momento e indaga ávidamente sobre los distintos puntos de vista en filosofía, política y religión, participando en acaloradas discusiones que se transforman frecuentemente en monólogos cuando profundiza en un tema más allá de la capacidad de comprensión de su adversario.
Aunque algunos nativos de Sagitario sienten inclinaciones gregarias y buscan la compañía de ambos sexos, agradándoles el viajar y el cambiar de ambiente —especialmente si esto les permite estar al aire libre—, hay también otros a los que gusta recluirse hasta extremos exagerados.

Mientras que a la mayoría de los hombres les agrada participar en expediciones de caza y pesca con grupos de compañeros, la tuerte personalidad del Sagitario le impulsa a hacerlo solo, y aunque simbólicamente su signo es el Centauro —medio hombre medio caballo, según la mitología griega—, que representa los deportes de la caza, con frecuencia se muestra tan sensible hacia los sentimientos de los animales y pájaros que su única arma es una cámara fotográfica.
Siente una afinidad especial por los caninos, comprendiendo su forma de actuar, respetando su orgullo y ofreciéndoles amistad. Si ésta no es fácilmente aceptada, impone una tregua basada en la confianza mutua.

Pero el hombre Sagitario no se muestra siempre tan lleno de tacto con las personas. Aunque en todo momento está dispuesto a ofrecer voluntariamente sus servicios cuando ve la necesidad, le desagradan los indolentes y los que quieren aprovecharse de él.
Ampuloso, directo, implacablemente sincero y sin pelos en la lengua, consigue con frecuencia que los demás se sientan molestos ante sus penetrantes y secos comentarios. No obstante, es tan serio y bien intencionado que uno perdona y olvida rápidamente esas cualidades negativas, por otro lado rara vez puestas de manifiesto.
Aunque muy inclinado a las exageraciones y retruécanos, le molestan enormemente la rudeza y la grosería, y su propensión a contar chistes e historias divertidas adopta únicamente la forma de un humor sutil y contagioso.

Es por regla general un compañero agradable y estimulante, pero su estado de ánimo puede hacerse rápidamente irritable y petulante si intuye un ataque o amenaza, aunque no sea intencionado, a su orgullo y seguridad en sí mismo.
Este cambio resulta tanto más sorprendente en cuanto es inesperado, pudiendo resultar tan desconcertante como un fuerte trueno en medio de un día soleado.
Dado que le gusta la continua actividad y posee una energía casi inagotable, puede mostrarse incapaz de comprender la falta de resistencia de los demás, confundiendo con pereza lo que es auténtico agotamiento.

A pesar de su diligencia y preocupación por las tareas que considera importantes, su consciencia de las mujeres que le rodean no decae nunca. Contempla sus movimientos, disfruta con su «femineidad» e inhala deliberadamente su fragancia mientras que su mente teje fantásticos sueños anticipados.
Aunque sus sueños están siempre relacionados con el placer sensual y teñidos de la seducción de un «romance», rara vez incluyen la idea de matrimonio. Es un amante ardiente y considerado, pero no tiene la menor intención de limitar su experiencia a una sola persona. Esto se debe en parte a la novedad que encuentra en la cantidad, pero también a su resuelta determinación de permanecer libre. Su necesidad de soledad le impide desear una compañía constante, a pesar de lo cual cortejará y requerirá siempre a las mujeres con auténtica finura, derramando sobre ellas sus numerosos dones personales y una atención incansable.

Al ser una persona esencialmente sincera y ética, negará cualquier dosis de perfidia en sus motivaciones, limitándose a esperar que la mujer a la que honra con su afecto sea tan feliz y libre en su relación con él mismo.
A los nativos de Sagitario les gustan las mujeres atractivamente vestidas e impecablemente arregladas, tentadoras para los demás hombres, pero circunspectas en sus respuestas mientras dure su relación. Deben ser muy conscientes de su aversión a cualquier cosa «vulgar» o tosca. Lo que más les molesta son las familiaridades fuera de lugar.

Esto no quiere decir que rehuya la intimidad del contacto erótico, que es para él como la propia vida. Sus aventuras poseen un gran contenido y atractivo romántico y le parecen perfectamente naturales. Lo que le desagrada es cualquier intento de monopolizar su tiempo o su persona, lo que considera como una ultrajante intrusión en su vida.
Incluso cuando una mujer ha conseguido atraerle fuertemente, se mostrará inquieto e impaciente si ella espera mucho de él. Considera el matrimonio como una institución asfixiante y restrictiva para los dos sexos.

De vez en cuando, una mujer que conoce bien a los hombres consigue «acorralarle» para ella sola, pero la unión sólo será verdaderamente gozosa y placentera en una atmósfera en que sea él quien decida el curso de las cosas y que se encuentre al frente de los acontecimientos. No se le debe atosigar. Si la mujer desea mantenerle a su lado, él no debe ser nunca consciente de sus intenciones, sino sentirse en todo momento libre para recorrer las grandes distancias y explorar las deslumbrantes vistas que sólo sus ojos escrutadores pueden contemplar y su caleidoscópica imaginación anticipar plenamente.