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    Planeta dominante: El Sol

    hombres leo

    Napoleón Bonaparte era del signo Leo.


    Nos encontramos aquí con un hombre de proceder fuerte y dominante, lleno de confianza en sí mismo y visionario, idealista e impresionable, un hombre de opiniones resueltas y refrescante candor, que se muestra lleno de firmes propósitos, directo y seguro de su habilidad para influir sobre los demás y, de ese modo, alcanzar sus objetivos. Su forma de actuar es tan vigorosa y convincente, que puede hacer a cualquiera creer en una idea, por poco razonable que pueda parecer.

    Y tiene’ montones de ideas de ese tipo, algunas de ellas factibles a pesar de no parecérselo a los menos optimistas que él.
    Desde su primera juventud mantiene que, mientras los demás deben ocuparse de los detalles y de los trabajos necesarios para el logro o consecución de un proyecto, él es el pensador, planificador y organizador, el que luego recoge las seguras recompensas.

    Esto no significa que los nativos de Leo sean perezosos, pues el Sol les ha dotado de energías más que de sobra; pero en su opinión, lo más sensato es evitar utilizarlas en cosas penosas o desagradables cuando pueden hacerlo directamente en actividades que les acarrearán éxitos y triunfos.

    Este hombre ha nacido para ser dirigente, para encabezar el desfile y llevarse el premio. Jamás lo pone en duda. Resulta, por tanto, formidable en el campo del entretenimiento o en cualquier otro en el que tenga que estar siempre en primer plano; pero es igualmente capaz para profesiones tales como el derecho, la medicina, la política, en actividades de promoción o puestos ejecutivos. (No obstante, si prefiere una vida indolente mantenido por otra persona, lo logrará también fácilmente. Por numerosas razones más que evidentes, el individuo favorecido por el Sol suele ser muy buscado y deseado.)

    Cabe señalar, no obstante, que existe otro tipo de hombre Leo cuyo ego no se ha desarrollado aparentemente hasta estos extremos. En todos los signos del Zodiaco existen rasgos divergentes, pero Leo ofrece un excelente ejemplo de la excepción que confirma la regla.
    Este tipo de hombre Leo es generoso casi en exceso, excepcionalmente amable y solicito hacia los demás. No se le suele encontrar en posiciones que impliquen grandes beneficios financieros para él mismo, prefiriendo emplear sus talentos lejos del mundanal ruido, escondido muchas veces en una biblioteca o en una oficina, en la que sus habilidades son siempre de gran utilidad. Aunque en un contacto casual parece apagado y borroso, conserva un gran fuego en su interior que permanece activo. Pareciendo más flexible que los otros nativos de este mismo signo, posee sus propias convicciones fijas, que rara vez se ven modificadas por opiniones contrarias.

    Aunque todos los Leo poseen una gran necesidad de que se les reconozcan sus méritos, de un público constante, éste es el que, de hecho, más lo necesita, pero el menos capacitado para atraerlo. Además, y por sorprendente que parezca, si no lo logra en sus ocupaciones cotidianas, puede buscarlo en una amplia variedad de aventuras amorosas, al igual que sus otros «hermanos» Leo.
    Tanto si se muestra dominante y agresivo como si aparece engañosamente modesto, el hombre Leo necesita desesperadamente la estima y aprecio de las mujeres; por tanto, los halagos son el mejor aliado de las que intenten atraérselo. Las alabanzas le reafirman y responde a ellas como una planta al agua. Su porte señorial sirve únicamente para poner de relieve sus maneras amables pero posesivas, que las mujeres tanto admiran.

    Su vida familiar infantil influye fuertemente sobre él en años posteriores, especialmente en la determinación de sus pautas de conducta erótica. Aunque mitigada por su sentido de la amistad según va haciéndose mayor, la seguridad en sí mismo, la arrogancia del joven Leo, provoca muchas veces el resentimiento de otros miembros varones de la familia, lo que da lugar a malentendidos y disputas que contribuyen a «desinflar» su ego, dejándole marcas desafortunadas.

    Al ser la fuente de toda su fuerza y confianza, su ego resulta fácilmente herido, lo que puede ser verdaderamente catastrófico; pero si se le ha permitido que se desarrolle de un modo normal y existen compensaciones en los otros campos, la adulación y firme afecto de una mujer puede constituir todo lo que en último extremo necesite. Pero tendrá que tratarse de una mujer con atributos poco corrientes: de aspecto chic, despierta e inteligente, pero no combativa, y de temperamento tranquilo y equilibrado. Debe estar versada en los numerosos temas que a él le interesan, compartir sus puntos de vista y prestar un oído atento a todos sus planes, por nebulosos e inconcretos que parezcan.

    No obstante, y sí así lo prefiere, puede tener una carrera o profesión propia, o incluso unos recursos familiares que les permitan un estatus superior y una forma de vida más lujosa de la que, de no ser así, podrían permitirse. (El hombre Leo siente un gran respeto por los logros y éxitos de los demás.) Es obvio que, en ese caso, se necesitarían grandes dosis de diplomacia.
    Exige que la casa se lleve con eficiencia y sin excesiva confusión, ciertamente sin el menor esfuerzo físico por su parte, aunque sí podría encargarse de los planes que facilitasen la consecución de los resultados deseados.

    Si no encuentra de inmediato una mujer lo suficientemente versátil como para satisfacer sus diversas necesidades, suele llegar a la conclusión de que la cantidad es mejor que la calidad, pues lo encuentra menos fatigoso y mucho más excitante.

    Del conjunto de anhelantes aspirantes, existe siempre una que es la que le satisface más o durante un período de tiempo más prolongado. Comprende que, bajo esa fiera apariencia, se encuentra con frecuencia un hombre solitario y asustado. En ese caso deberá aceptarlo tal como él se ve y mostrarse dispuesta a esperar fielmente y sin quejas hasta que se canse de tanto bullicio.
    Dado que espera y se «esponja» con los halagos y encomios, si se le suministran con sustancia y tacto podrá arrastrársele a una relación más íntima y estable. La duración de la misma dependerá de la tolerancia de la mujer, pero con este hombre cálido y cariñoso, aun los momentos in ciertos y efímeros pueden merecer la pena.