El hombre Escorpio

Planeta dominante: Marte

hombres escorpio

Bill Gates es del signo Escorpio.


El nativo de Escorpión es un hombre de rara contención y compostura. Posee numerosos talentos. Camina por la tierra con silencioso orgullo y confianza, sabiendo que posee el ingenio, la perseverancia y la resolución necesarias para superar todos los obstáculos a la consecución de sus firmes objetivos.
Sus incentivos son de la máxima valía, pues dictan sus metas, estimulándole a luchar por lograrlas.

Su insaciable sed de conocimiento puede empujarle a largos períodos de estudio y a aplicarse con libros sobre una amplia variedad de temas; la curiosidad y el interés por pueblos de todos los orígenes quizá despierten su deseo de emprender largos viajes; sus ambiciones pueden estar dictadas por sus responsabilidades filiales y paternales, y los impulsos sexuales despertar grandes energías y encauzarlas por la vía de las ganancias financieras.

Es autoanalítico e introspectivo, conociendo perfectamente tanto sus defectos como sus virtudes; su conocimiento del carácter, estados de ánimo y emociones de los demás es enormemente preciso.
Las ideas del nativo de Escorpión sobre los temas candentes, el estado del mundo y las razones del mismo pueden diferir radicalmente de las de la persona media; pero mientras que interiormente se resiste en gran medida al conformismo, ajusta su forma de vida a los límites del razonamiento práctico, sin preocuparse gran cosa de la opinión de los demás, pero comprendiendo el valor del tacto y la diplomacia. Su reticencia no se debe en absoluto al temor a enfrentarse con un antagonista —disfruta de hecho con las controversias, pero prefiere las discusiones amistosas y constructivas—, sino más bien a una cortesía que permite que cada persona tenga sus propias ideas, aun cuando puedan haber sido concebidas en un medio atrasado y poco culto.

Comprende que muchas personas necesitan el apoyo que han cultivado entre su familia u otros contactos anteriores para reforzar sus propias creencias muchas veces débiles e inmaduras, y que arrebatárselas equivaldría a dejarlas completamente indefensas.

Marte —aunque algunos dicen que Plutón— hace del hombre Escorpión inescrutable y lleno de secretos, y no sólo para conservar una atmósfera de paz que es para él de vital importancia, sino también porque debe mantener siempre una cierta distancia, una lejanía que es la que le permite funcionar a máximo rendimiento. Posee la habilidad de apagar toda posible emoción, de ocultarse tras una máscara de impasividad, de forma que uno no está nunca seguro de cuáles son sus auténticos sentimientos. (Esto le sirve a la perfección cuando su sorprendente simpatía hacia los demás adopta la forma de servicios en los campos de la cirugía, la medicina o la psiquiatría.)
Ningún otro signo proporciona una gama más amplia de posibles actividades recompensantes combinada con los atributos necesarios para su desempeño. (Con frecuencia sólo sale a la luz una parte de sus numerosos talentos.)

El hombre Escorpión emplea con eficacia las palabras y las ideas; los colores, las formas y la música poseen significados especiales para él. A través de estas vías recibe muchos de sus placeres, así como sus éxitos materiales.
Es coherente, innovador, tenaz y suavemente agresivo. Es económicamente cauto, aunque al mismo tiempo generoso, vital y lleno de magnetismo, ejerciendo un poder casi hipnótico sobre los demás siempre que se lo propone.

Es cierto que hay también algunos nativos de Escorpión más bien desconfiados, pesimistas, hostiles, dominantes y cínicos, pero estos rasgos sólo suelen aparecer en caso de traumas infantiles o cuando el medio que les rodea es frustrante y restrictivo. En cuanto se liberan de esas dañinas condiciones y son capaces de conducir sus propios destinos, suele reaparecer su auténtica forma de ser.

Tiene, sin embargo, un carácter extremista. Cuando carece de obligaciones profundamente sentidas, puede llevar la vida de un eremita y ser tan frugal como para negarse a sí mismo numerosas comodidades perfectamente naturales; pero, en otros casos, puede mostrarse sumamente autoindulgente e inmoderado, incurriendo en el tipo de excesos que más le complazcan.

En cualquier caso, este hombre necesita encontrarse cómodo dentro de la forma de vida que ha elegido, para poder ser él mismo sin indebidas presiones. Arrastra constantemente consigo un cierto sentimiento de culpabilidad, la convicción de que, por mucho éxito que tenga en el campo profesional que ha elegido, debería ser capaz de logros mucho mayores. No obstante, anhela verse libre de toda restricción, poder recorrer los caminos y veredas de la vida sin freno y, a su libre albedrío, investigar los misterios del universo y repasar los miles y miles de libros de las estanterías de las bibliotecas en busca de respuestas a las acuciantes preguntas que le atormentan. De estos secretos anhelos nace el sentimiento de culpabilidad que impregna las horas que, de aparente buena gana, dedica a la realización de sus tareas cotidianas.

Apasionado, y fuertemente interesado por la expresión física del afecto, se casa frecuentemente pronto, pero, sin embargo, sigue siendo un hombre solitario que acaricia tanto la idea de su soledad como la de la libertad e independencia que le proporcionan.
Posee un lugar secreto dentro de sí mismo en el cual se hiberna de vez en cuando. Es a la vez un refugio y una responsabilidad, proporcionándole un asilo encantado, un lugar tranquilo y lleno de reposo en el que se siente libre y alejado del mundanal ruido; pero esta necesidad de aislarse provoca frecuentemente algunas veces malentendidos incluso con las personas que ama. No obstante, esas correrías secretas, esos momentos u horas enteras pasados en solitaria abstracción y tan celosamente guardados y no compartidos con nadie, crean un halo de atractivo misterio para numerosas mujeres.

En lo que se refiere a sus pasiones eróticas, el hombre Escorpión ha sido frecuentemente calumniado debido a conclusiones apresuradas o por los que aceptan teorías antiguas sin molestarse en investigarlas personalmente. Aunque sus maniobras amorosas rara vez dejan de hipnotizar a sus «víctimas», no es ni mucho menos la especie de svengali que suele presentársele. Aunque celoso, posesivo, viril y sensual —mientras que en ocasiones parece sumamente caballeroso en sus exigencias y expectativas amorosas—, si se encuentran implicados sus sentimientos más profundos, puede mostrar una suave ternura y una galantería quijotesca que rivalizaría con la de los antiguos caballeros.

Si una mujer le hiere gravemente, lo acepta con estoicismo. Puede sentir una gran amargura, pero los extraños no lo sabrán nunca por él.
Existe en él una «dulzura», una asombrosa profundidad de comprensión, una esencia etérea de percepción y compasión que trasciende todas las miserias humanas. No obstante, no se deja engañar fácilmente por embrollos y trapacerías. Se burla de la necia ostentación y de los intentos de adulación con una vehemencia sólo igualada por la reluctancia con que tolera los prejuicios injustos enraizados en la ignorancia.

Si está soltero, su elección de compañera suele ser la de una mujer por la que sienta una fuerte atracción y que se adapte a sus complejas necesidades. La fidelidad hacia ella, y quizá el miedo a obligaciones secundarias, le impiden aventurarse en otras empresas sexuales. No obstante, y como en todo lo demás, cualquier regla relativa a su vida íntima deberá haber sido elaborada por él mismo. Rara vez se embarcará en nuevas aventuras antes de que las viejas hayan perdido su encanto y sabor.

Además, y en contradicción con su orgullosa forma de actuar habitual, puede aferrarse con aparente irracionalidad a una relación agonizante, intentando desesperadamente reavivar las cenizas de la pasión, quizá para evitar tener que reconocer un fracaso, por la permanencia de la fascinación o posiblemente por fidelidad.
Sólo traslada su interés a otra mujer cuando se convence de que ha sido engañado o manipulado o cuando se da finalmente cuenta de que esa lastimosa forma de actuar constituye una amenaza a sí mismo.